martes, 19 de octubre de 2021

Altair Domingos, en Palermo: "Es duro venir al hipódromo y no correr; Dios quiera que me den bien los estudios, es lo que más deseo"

 





El jockey, convaleciente por la lesión en un ojo desde el 1° de mayo, cuando se accidentó en el hipódromo porteño, está en Buenos Aires luego de pasar unos días en Brasil con su familia y confía en la evolución de su estado para volver a correr 


“Está todo tranquilo, bien” responde Altair Domingos la pregunta inevitable. “Hoy,  martes, me hicieron un análisis y ya se lo traje al doctor. Tengo que hacer dos más; para uno tengo turno el 28 y lo quiero anticipar. El doctor (Octavio) Arakaki habló con el sanatorio (Fitz Roy) para adelantarlos.”, agrega, impaciente, y menciona al profesional del hipódromo de Palermo que se ocupa de su caso, por el que está convaleciente desde hace más de cinco meses. Aquí mismo, el 1° de mayo, Goteo Key, el caballo que dirigía se rompió. “Caí de cabeza, golpeé contra el piso y quedé inconsciente 10 minutos, según el médico, porque la verdad es que yo no me acuerdo”, relata ahora, al sol en la tarde del lunes en el mismo escenario.

“Después no me di cuenta de que tenía una lesión. Me vio el doctor Arakaki y me dijo que tenía que quedarme más tiempo, un día más, porque había perdido el conocimiento. A las 3 de la mañana, el médico que me estaba siguiendo corrió la cortina –en terapia intensiva- y entonces lo llamé y le dije que estaba viendo borroso con el ojo izquierdo y me contestó que era normal porque me había golpeado la cabeza y, me dio un corticoide y dijo que “mañana o pasado” lo iba a superar. Y bueno, me dieron de alta, corrí el miércoles en San Isidro y gané; el sábado gané el clásico, yo me sentía bárbaro”.

La de Altair no fue una circunstancia novedosa. Pablo Falero tuvo un golpe en la cancha de San Isidro, volvió a correr de inmediato, y unos día más tarde fue operado durante nueve horas para reparar vértebras rotas. Continúa Altair: “Entonces me llama el doctor de Palermo y me dice que había algo en los estudios que no había salido bien. Según eso se me rompió el nervio óptico y después de otros 200 estudios todos los  especialistas hablaron de tomarme un tiempo para ver si mejoraba. Y en eso estoy, esperando los resultados. Dios quiera que me den bien, es lo que más deseo, venir a Palermo y no correr es muy difícil; el sábado estuve en San Isidro mirando los clásicos y para uno que les gusta se le hace duro, pero creo que va a salir todo bien”.






En este tiempo, el jockey se mantuvo ocupado, un poco cerca de lo suyo. “A la mañana no hago nada, ni ejercicios. Me había ido a Brasil, tengo un stud en Curitiba de quince boxes para las cuadreras y me quedé con los caballos, claro, para no perder la costumbre (suena fuerte su risa). Sin montar porque no puedo –enfatiza esta frase-; cepillaba los caballos, limpiaba las camas, los caminaba, así el tiempo pasaba más rápido. Nosotros –los jockeys- estamos siempre a full, 24 horas, y cuando me quedaba en el departamento no aguantaba, me volvía loco. Regresé la semana pasada a Buenos Aires”.

La visión en el ojo izquierdo aparece recuperada, si se tienen en cuenta los datos que aporta Domingos: “Hice 5500 km en auto. Estaba cerrada la frontera por la pandemia y para volver pensé que estaba abierta en Uruguayana, pero no. Tuve que volver hasta Puerto Iguazú. Yo me siento bien. Mi mujer (Danielle) también maneja, me acompaña a todos lados”.

De lo que dejó en estos meses, le procupa muy poco: “A Luisito (Vai, el jockey que lo reemplazó en el stud La Providencia) lo quiero mucho, es uno de los pocos tipos que en la pandemia trabajó todos los días. Creo que merece un espacio y montas mejores porque es muy trabajador. Le estamos dando una mano en La Providencia, donde hay un equipo muy completo”.

La caballeriza de Altair en Brasil funciona a pleno. “Mis caballos corren por todo Brasil. El stud se llama NM, por los nombres de mis hijos, Mateus (21 años) y Nicole (18), que están estudiando en Brasil, en la facultad [en alguna nota de los inicios, Altair contó que iban a la escuela Granaderos de San Martín, en Libertador y Olleros, en codo final del amplio predio del hipódromo]. Son grandes ya. Su carcajada, ante nuestra perplejidad por el paso del tiempo, suena más fuerte en el patio del Paddock de Palermo, mientra los caballos de la 10ª pasan rumbo a las gateras y todos los jockeys lo saludan. Nos acordamos de Fustas de América, aquel emprendimiento itinerante de los periodistas de turf de la Argentina, Brasil, Chile, Perú y Uruguay que empezó en los 90 y siguió hasta comienzos del siglo. O alguna mañana de ensayos en Palermo, cuando el recién llegado a la Argentina, convocado por el stud Springfield, trabajaba con el recordado Antonio Marsiglia, con Jorge Mayansky Neer... “Van a cumplirse doce años desde que estoy acá –en 2009- y por suerte me fue muy bien, me encanta acá porque a la gente le gustan los caballos, es distinto que en Brasil, donde al público le gustan las carreras pero no como aquí, es muy distinto”. Altair vive ahora en San Isidro.

El jockey de Hi Happy y El Margot, el que lleva adherida la sonrisa en consonancia con su optimismo sobre su situación personal y sobre las carreras después del Covid-19, no duda: “Va a salir todo bien”.






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lunes, 18 de octubre de 2021

Senegalesca estaba a punto para correr una condicional, pero el osado Juan Saldivia optó por el Gran Premio Suipacha y celebró


El entrenador tiene una puja ideológica con Roberto Pellegatta, el exitoso jefe de equipo, que no es muy afecto a buscar caballos velocistas -aunque cuidó a Oh Toss- y no intervino en las decisiones del profesional de Cañuelas, que eligió a la potranca en el haras El Paraíso  



Asoma la cabeza de Senegalesca; en primer plano, Yuto Bataraz Key; más adentro, Queen Liz y Agiosto (azul)


Todavía el público no salía de su asombro y de la emoción que generó el final del Gran Premio Suipacha (G 1-1000 m), donde la adrenalina empezaba a aumentar con el primero de los tres Grupo 1 y la bandera verde flameaba, antes de que se confirmara la victoria de Senegalesca (Sebi Halo) en un fallo de ventaja mínima ante Yuto Bataraz Key (Key Decision), con Queen Liz (Lizard Island) tercera a media cabeza, Agiosto (Angiolo) cuarto, a medio pescuezo. Unos minutos más allá de los 54s44/100 que registraron los cuatro (¿se les puede cercenar alguna fracción a los escoltas, además de lo que les canceló la definición?) había que mirar bien las tabuladas de la ganadora para cerciorarse de sus antecedentes: tres actuaciones y dos victorias comunes en la misma recta de San Isidro, donde continúa invicta.

La yegua de Stud Hs.Yo Bru.Gi, conducida por William Pereyra, se vio apretada por Queen Liz –con Francisco Gonçalves-, incluso tocando a Santos Davos (Sebi Halo), que venía junto a los palos. Indómito Roman (Roman Ruler) llegó a ser puntero y terminó 5° a menos de dos cuerpos. El más aliviado era Yuto Bataraz Key, que atropelló abierto y perdió porque el marcador quiso ser una moneda en el aire.

Juan Facundo Saldivia, entrenador de la única hembra que compitió, consiguió que Roberto Pellegatta, un prócer que encabeza el equipo que integra, estuviera involucrado en un velocista, por más que se invirtieran lo roles en este caso. Después de todo, allí está Oh Toss (Egg Toss), un ganador del Gran Premio Maipú, en la lista de Pellegatta.

“Estoy muy contento –dijo Saldivia-; a lo mejor era medio osado correr este clásico con esta potranca, más que nada respetando a los caballos adultos que venían haciendo una gran campaña, pero ella había ganado muy bien en San Isidro contra los machos la de ganadores de 1 y 2. Le di corrida para ir el viernes a la de potrancas ganadoras de 1 y 2 en Palermo y me había encantado, entonces pensé ¿por qué no correr este Grupo 1? La anoté y si la declaraba forfait los 18 socios que tengo (soy uno de ellos) me mataban. Esperábamos que hiciera una gran carrera. La idea era no hacer papelones y yo sabía que no iba a ser así, pero la sensación de ganar es siempre hermosa, más cuando te toca una carrera durísima”.
El sorteo de gateras no había sido tan favorable para el entrenador, que eligió lo poco que quedaba cuando su bolilla salió en el 9° turno entre los doce competidores ratificados y se quedó con el partidor 5.

-¿Qué porcentaje le adjudicás a William Pereyra en el triunfo?

- Todo, desde el momento en que hizo el paseo, cuando le encargué que fuera al tranco, porque es una yegua de mucho temperamento y se enoja si no la sabés manejar; le pedí además que la llevara de tiro, con el cabresto largo… William hizo todo a la perfección, la largada fue espectacular y arriba la potranca le respondió, ganó guapeando.

-¿La elegiste vos?

-Sí, fui al haras El Paraíso. Siempre voy, le compro, me conocen desde chico, cuando trabajaba con Francisco Arreguy –entrenador de algunos caballos de los Duggan- en La Plata. Sebi Halo siempre me gustó y me gusta la velocidad, a Roberto [Pellegatta] no le gusta la velocidad. Invité a mis amigos de asados, de pesca, de muchas cosas que compartimos fuera del turf y me siguieron en mi locura y nos dio esta alegría.

-Y con una yegua que es entrenada completamente por vos, aunque dentro del equipo de Pellegatta.

-Totalmente. Los otros son con ayuda, tienen un plus. A Roberto no le gustan las cortas ni el tipo del caballo velocista, más musculoso, y me fue inculcando un poco al acompañarlo a los campos y ver el arquetipo de potrillo para el Nacional, el Pellegrini y obviamente hay que respetarlo. A mí me gustan las dos cosas, quiero tener en la corta y también los que prefiere él.

-O sea que se metió poco en el entrenamiento…

 -Nada (se siente que lo dice casi como si estuviera despechado, no para colgarse medallas). Y ahora no debe poder creer que ganamos esta carrera.

Seguro que no, se lo imagina bien Juan Saldivia, que se despidió riendo. Aunque Pellegatta algo sabía.  









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domingo, 17 de octubre de 2021

Como Frankel, Rock of Gibraltar o Poetic Flare, Holi Rimout abandonó la Triple Corona y dio un salto formidable en el Gran Premio San Isidro

Luego de quedar 4° en la Polla y por sus notorias aptitudes para la media distancia, en el stud El Chesco Viejo resistieron la tentación del Jockey Club y convirtieron a este Grupo 1 de la milla en una opción similar al St James's Palace Stakes (G 1), en Gran Bretaña  

 

Festeja Cabrera, se lamenta Hole in One, 2° a tres cuerpos tras un dificultoso avance por los palos


Sí señor, no hay error. Holi Rimout (Remote) es el potrillo de 3 años que ganó el Gran Premio San Isidro (G 1-1600 m). El único juvenil entre once caballos adultos y el que en el mismo día en que se corrió el Jockey Club (G 1-2000 m) resistió la tentación y se alejó de la Triple Corona, no él, claro, sino los dueños de la caballeriza El Chesco Viejo, que acertaron en la elección. Igual, este zaino, que hizo lagrimear a Aníbal Cabrera, su jockey, seguramente había hecho méritos para estar en la segunda escala de la Triple Corona, pero, como sucede a menudo en el Reino Unido, donde todo empezó, el ganador de las 2000 Guineas (G 1-1600 m) inglesas omite el segundo eslabón de la serie, el Epsom Derby (G 1-2400 m), y se queda en los 1600 m del St James’s Palace Stakes, en el festival de Royal Ascot, que se diferencia con el local en que es exclusivo para ejemplares de 3 años. Allí están para confirmarlo Frankel (Galileo), Rock of Gibraltar (Danehill) y Poetic Flare (Dawn Approach), el último en llenar esos dos casilleros, este año. Por menciona un puñado.  

Holi Rimout, que fue tercero en la Polla de Potrillos (G 1-1600 m) y cuarto de Vespaciano (Daniel Boone) en un equivalente menos natural, pero en césped, las Dos Mil Guineas (G 1-1600 m), encontró en esos intentos el disparador para la determinación que finalizó en triunfo en el GP San Isidro. El St James’s Palace se volvió una cuna de padrillos en el hemisferio Norte. ¿Otra muestra de esto? Mastercratsman (Danehill Dancer), el padrillo que sirvió en el haras Firmamento y murió hace un par de meses en Europa se impuso en Ascot.

 “La madre es Bouclette Holiday, por Harlan’s Holiday y Bouclette Glory, que trae a  Honour and Glory y Fitzcarraldo abajo”, comenta un triunvirato de ejecutivos del haras, formado por el director, Coco Valle, más Ezequiel Valle y Enrique Delger, que agrega que es el primer Grupo 1 del padre de Holi Rimout. “La madre es nueva, todas las hijas suyas son nuevas, tiene sus primeros nietos. Bouclette Glory ya dio con Giant’s Causeway un ganador clásico en Perú -Bouclette Top- y otro en Sudáfrica. La madre tiene la misma combinación de The Great Day”, completan entre los tres, apabullando con los nombres reconocidos. Y asienten cuando se les plantea el juego de que el triunfo es “tres cuartos Firmamento", porque Cabrera, al que abrazaron todos, está en el equipo de dueños y criador.

“Es un caballo complicado porque tiene mucha velocidad y estuvo bien Aníbal en serenarlo para que no pelee adelante”, cuenta Ezequiel. “Lo mejor que hiciste fue cuando te vinieron a buscar y los dejaste”, elogia al jinete cuando se acerca. Y éste responde: “La idea era correr adelante pero no a ese ritmo; él puede sacar siete cuerpos pero después tiene que aguantar”, y apunta que Holi Rimout es “muy pastero”. En efecto, Cabrera le dejó a Codringer (Cosmic Trigger) pasar al frente y lo doblegó al entrar en la recta. El resto del trámite no tuvo emoción, sólo que Hole In One (Cityscape) intentó atropellar pegado a los palos y no tuvo el camino limpio: terminó segundo a tres cuerpos.

Mientras Claudio Rodríguez, Guillermo Domínguez y Sergio Capaldo recibían los premios al propietario, ante una pregunta Enrique Delger calificó de “buenísimo” el remate de productos 2019 de Firmamento,  de esta semana. “Hubo demanda por todos, había manos para todos los lotes. Ocurre que los padrillos están bien, el lote muy bien presentado acompañaba, y hubo pre-ofertas por 30 de 34 productos”, añadió. Super Mind, perteneciente a la última camada argentina de Super Saver, en Nevermind Inc (Include), se vendió en 51.000 dólares, el precio máximo de la venta. Todavía resuena el último golpe del martillo, pero en el haras de Sierra de los Padres y en los studs, por un rato se festejó otro Grupo 1.






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La fe de Osvaldo Dávila y Los Dago no era cuento: Zodiacal voló durante 200 metros y el Jockey Club tuvo un increíble final



 

¿Cuántos vieron a Zodiacal antes de las dos cuadras últimas del Gran Premio Jockey Club (G 1-2000 m), cuántos lo venían siguiendo? No muchos y es lógico. Hacía 22 días que el hijo de Cityscape había ganado su primera carrera en la milla de este mismo San Isidro, ahora revivido por el público, y en el codo estaba mezclado entre rivales y muy cerca del fondo del lote. Pero con la misma luz que quizás iluminó a Osvaldo Dávila, su entrenador, para anotarlo en la segunda gema de la Triple Corona, el potrillo del stud Los Dago encontró un claro para salir desde la segunda línea de los palos y dejó parado a Irwin (Seek Again), que había dominado a la yunta de Las Monjitas, que formaron el inesperado puntero Vespaciano (Daniel Boone), al que se le desprendieron los tapones de las orejas tras quitársele la capucha en las gateras y se disparó a la punta, y Kodiak Boy (Treasure Beach).

“Me gusta para la distancia, la brazada, no va a quedar en ganador de una”, le había dicho Dávila en el sorteo de partidores a este blog. También, que le iba a pedir a Luciano Cabrera, el jockey que lo montaba por primera vez, que lo trajera un poco más atrás que en sus anteriores actuaciones, para aprovechar el vértigo que seguramente habría en la delantera. Las esperanzas estaban fundadas, pero de ahí a que se concretaran con tanta precisión es más que un guiño del zodíaco. Encima estaba el hecho de conseguirlo con Carlos Dagostino y sus sobrinos, amigos de Osvaldo, que se guardó una parte de la propiedad del zaino y con los que había celebrado muchas victorias con Seresta (Jump Start), entre ellas las del Estrellas Juvenile Fillies de 2015.

“Yo quería que corriera de los últimos y que lo buscara desde los mil, que se iban a ir quedando. No le conocemos el techo, más tiro le va a venir mejor todavía”, sigue el entrenador después de la victoria por tres cuerpos ante Irwin, como si el hilo del martes nunca se hubiera cortado: “A Luciano se lo hice montar todos los días desde hace una semana, cuando (Osvaldo) Alderete lo dejó, para que lo conociera, que laburara con él”. Hace una pausa el exjockey, porque recuerda que él montaba a Zodiacal hasta que las autoridades de San Isidro se lo prohibieron, por haber percibido el seguro y la indemnización luego de un serio accidente en 2005. “Pero bueno, se disfruta igual. Estoy muy emocionado; es distinto que en los tiempos de jockey, yo siento otra cosa corriéndolos”.

Allí cerca, igual de emocionada, estaba Yolanda Dávila, la memorable jocketa de Star and Stripes, que el año pasado dejó de ser entrenadora en Maroñas, donde le fue bien por años. Y llegó para quedarse. “Ni yo podía creer lo bien que me fue en Uruguay. Vine a mi pueblo, Los Cardales, porque los años pasan y mis padres se van poniendo viejos; hay que estar ahí. Esperé porque estaba muy fuerte la pandemia acá y tenía un poco de miedo”, explica. “Cuando pase todo voy a ver qué hago. Mi hermano tiene para entretenerse”, se ríe y descarta por el momento la posibilidad de trabajar con el cuidador del héroe del Jockey Club.

“Estoy recontenta por la carrera que ganó el caballo de Osvaldo. Impresionante. La atropellada que tuvo es de un fuera de serie, en los últimos 200 metros volaba; cuando lo vi desde la tribuna no lo podía creer y cuando lo vi pasar acá -frente a la tribuna de profesionales- fue emocionante”. Y ya casi puesta en entrenadora: “Osvaldo quería que largara bien y se amansara, por eso le eligió la largada 7. Dicen que echó 59s y monedas y 11s en los últimos 200”.

Zodiacal, nacido en los generosos campos de Wilgerbosdrift, el funcional establecimiento cercano a Mar del Plata, que maneja Alejandro García Romero, amplió los límites de la fe razonable con una actuación concreta, a la vista de todos, sin que le regalaran nada, si se repara en que superó a favorito y enemigo del Jockey Club. Esa atropellada tiene por delante nuevos desafíos, pero la esperanza seguirá siendo la misma. 


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sábado, 16 de octubre de 2021

A pelearla de atrás: Osvaldo Alderete sabe que el camino es duro, pero también cómo transitarlo, en los tres grandes premios de San Isidro

 El tucumano, jinete de Puerto Escondido y ganador del Suipacha con la notable Venerancia, eligió a Encarrilado en el Jockey Club y lo eligieron para Spirit Of Light, en la milla e Indómito Roman, con el que buscará su segunda conquista en la recta de Grupo 1


Osvaldo Alderete montará en los tres grandes premios del sábado 16 en San Isidro, donde el número más importante es el Jockey Club (G 1-2000 m). Sus caballos son de mediana chance, pero los entrenan profesionales con los que lo une más que una relación normal del oficio, sobre todo dos de ellos.

Para el Jockey Club, Alderete disponía más de una opción. “Tenía a Encarrilado (Fragotero) y a Zodiacal (Cityscape), que venía de ganar conmigo, y bien; es un buen potrillo, que va evolucionando. Yo trabajé a los dos y me gustó más Encarrilado, le hice floreo y me llenó eso; por ahí me equivoco, pero me gusta a pesar de que es perdedor. Tiene una pasada muy buena y la partida final fue muy buena también. Es una carrera brava, pero va a correr bien”. Lo entrena Pablo Sahagián; Zodiacal está a cargo de Osvaldo Dávila. Es un lance caro el defensor de Tinta Roja; no hubo dudas en la decisión.  “No tengo compromiso con el Turco y debo decir que también me habían ofrecido uno de Luciano Cerutti [entrenador de Crazy Hurricane (Hurricane Cat]), pero me quedé con el perdedor, me gustó, vengo de correrlo, se enfrentó casi con los mismos caballos de ahora y evolucionó”.

Es inevitable la referencia al entrenador para el que montará en la segunda etapa de la Triple Corona. ¿Sahagián le dio el mejor caballo de su vida? “Sí, sin ninguna duda. He montado muchos buenos pero como Puerto Escondido ninguno. Me hizo ganar muchas cosas importantes, lo tengo siempre presente. Le estoy muy agradecido al Turco. Me había golpeado la clavícula cuando iba a correr la Copa de Oro y lo corrió Falero”, recuerda. Pero enseguida volvió a la montura del fenómeno para ganar el premio máximo, cuando jinete y caballo desquitaron de una derrota así de chiquita en la versión anterior, la de 2016, cuando los venció el notable Sixties Song (Sixties Icon).

Luego, el tucumano, de 34 años, saldó una deuda propia al conseguir con Teenek (Perfectperformance) el triunfo en el Batalla, el clásico emblema de su provincia, en otra recuperación titánica por la pérdida de un riñón en una caída. Todo en poco más de dos años. “Gracias a Dios estoy muy bien de salud, trabajo, estamos corriendo y ganando, estamos bien”, dice hoy, sereno. Este buen momento incluye los otros Grupo 1 del día.

  Osvaldo ganó el Gran Premio Suipacha (G 1-1000 m) con Venerancia (Lode), en 2013. Una yegua fenomenal que sumó el Maipú y el Félix de Álzaga Unzué, lo máximo en la recta, en la misma temporada, al cuidado de Héctor Sueldo, para el High Stud. “Ahora corremos a Indómito Roman (foto); lo vine a trabajar a Palermo y la verdad es que anduvo bien. Vamos a correr con expectativa, a ver si nos favorece el desarrollo, corre de atrás, para venir de atropellada”. ¿Qué es lo más favorable para venir de atrás en la recta de San Isidro? “Le toca largar de afuera, lo que es mejor para esperar en el desarrollo, la podés balconear un poquito; en cambio si el caballo es ligero te conviene más largar de adentro”, explica. Un abecé de las cortas en el pasto ilustre. Doce jockeys tomaron antes las riendas del experimentado caballo del stud Campitello, que presenta Leonardo Racco, y en el que Alderete se apilará por primera vez, para buscar la victoria clásica.

Alderete es el jinete de confianza de Elvio Bortulé. “En el Gran Premio San Isidro (G 1-1600 m) tenemos a Spirit of Light (Sebi Halo), que es un caballo muy trabajador, nos merece un buen concepto”, anuncia. En el Clásico Ecuador (G 2-1600 m), el bautismo de alto nivel del caballo de Dark Horse, terminó a seis cuerpos de Hiper Happy (Cityscape), no de sus adversarios en la carrera. “Andaba muy bien y yo creo que no respondió por la cancha –estaba pesada-, había llovido bastante. Siguió bárbaro, como en cada semana previa a competir; en el reloj marcó el tiempo de un caballo bueno, trabaja como un caballo bueno (1m31s3/5 los 1500 m y 800 en 48s2/5, en la cuarta de San Isidro, apunta Revista Palermo) por eso nos animamos contra estos caballos”, amplía, con optimismo lógico.

“Él corre tranquilo, de atrás, sin compromiso, así que va a andar muy bien. Se va a hacer movida la carrera; calculo que uno de los caballos de [Eduardo] Accosano va a ir adelante  -se refiere a Master Soy (Mastercraftsman), que con esa receta ganó el Clásico 9 de Julio ante Hole in One- y seguramente no será el único”. Tiene páginas en blanco por escribir Osvaldo Alderete, que ya conoce como llenarlas de grandes títulos.
















jueves, 14 de octubre de 2021

Queen Liz y Yuto Bataraz Key chocan en el Gran Premio Suipacha, donde los que le ganan al viento no saben de edad ni de género


En la especialidad más inclusiva entre los mejores caballos de carrera, la yegua de 7 años y el potrillo de 3 son dos presencias fuertes; el clásico del 10° turno será el primero de la sensacional trilogía de Grupo 1 de la gran reunión del sábado 16 en San Isidro





El potrillo de El Alfalfar no detiene su ascenso



El choque que siempre entusiasma entre velocistas se espera para el Gran Premio Suipacha (G 1-1000 m), prueba de la especialidad que acompañará la jornada del Jockey Club (G 1-2000 m) y formará una trilogía con el Gran Premio San Isidro (G 1-1600 m). Queen Liz (Lizard Island) y Yuto Bataraz Key (Key Deputy) se medirán a la hora señalada, las 17.20, en el doble enfrentamiento histórico y apasionante de las rectas argentinas: uno, generacional, otro, entre sexos. No hay otra categoría hípica capaz de emparejar los tantos en el tiempo de la competencia en el que los ejemplares más jóvenes empiezan a mostrar lo que pueden dar en la incipiente madurez.

Queen Liz busca ser una reina menos nominal y más real. Ya hizo una prueba del vestido en el Gran Premio Estrellas Sprint (G 1), en Palermo, donde se sacó una espina de Grupo 1. Fue el primero de su campaña, luego de los intentos en el Félix de Álzaga Unzué, dos veces, y el último Ciudad de Buenos Aires, el 1 de mayo, y el más lejano en este mismo Suipacha, pero de 2018. Ese triunfo la alejó un año más del haras La Pasión; la reproducción parecía un destino marcado para este año. Con la carrera cumbre de fin de año en el césped, donde quedó segunda de Strategos (Zensational), inició su etapa más fructífera, que incluye el segundo de Fondo Tropical (Zensational) en el kilómetro porteño y la victoria del Viamonte (G 2), en el césped.


Queen Liz vuelve al césped de San Isidro, donde en febrero ganó el Clásico Viamonte


Yuto Bataraz Key es un ejemplo de la evolución de un caballo de carreras. Corrió como perdedor los clásicos Guillermo Kemmis (G 3-1000 m) y Santiago Luro (G 2-1200 m), en Palermo y sólo en su sexta actuación consiguió salir de perdedor en una condicional en el mismo escenario. Enseguida ganó el Clásico Velocidad (G 3), en su estreno en el césped, pero el envión no lo acompañó en el Estrellas Junior Sprint (G 3) ni en el Guillermo Paats (L), en los que finalizó quinto y, después de un intento con codo en La Plata, en el Clásico Club Hípico de Tandil (L-1100 m), donde fue segundo, se impuso en el los clásicos Propietarios (L-1000 m) y el Cyllene (G 3-1000 m), en San Isidro. En el último compitió por primera vez con los caballos mayores y se recuperó luego de que un rival –Río Amigo- lo cruzó en la suelta; en la segunda mitad del recorrido aceleró a fondo para definir.

Será la carrera más difícil en la campaña del potrillo de El Alfalfar, incansable protagonista de la velocidad, pero lo toma en el momento ideal, seguramente cercano al pico del rendimiento en sus diez meses de actuación. No hace mucho, en 2019, María Fernanda Álvarez, entrenadora de Yuto Bataraz Key, ganó el Suipacha con Calzonetti (Zensational), apenas una parte de su excelente trayectoria de diez años a esta parte.

“El trabajo de todos los días nos lo devuelven a la tarde los discos, los triunfos, los caballos que andan bien. Tenemos muy buenos pedigrees, mucho trabajo, un poco más de apoyo de caballerizas…”, le dijo hace poco a Revista Palermo. Y en ese largo buen momento que atraviesa María con su marido, Walter Suárez, con el que forman un equipo de trabajo hace décadas, y en esa extensa lista de buenos caballos que preparan está Yuto Bataraz Key, claro. “Está en una etapa extraordinaria, ha pasado la prueba de fuego de competir en junior a hacerlo los adultos y como dice Facundo [Coria, su jockey] todavía no ha expresado su velocidad total, porque nunca se ha esforzado; apuró en los últimos metros y ha ganado bien”.

Un dato: en el sorteo de partidores, María compartió mesa con Carly Etchechoury, el cuidador de Queen Liz. Ellos juran que fue casual, nosotros, que compartimos esa mesa de tres (hasta que llegó Nico Gaitán), decimos que no hubo intercambio de figuritas, por más que lo fomentamos.

La nómina del Suipacha agrega a Top One City (Cityscape), ganador de la Polla de Potrillos (G 1) de Palermo y devenido experto en las cortas, que viene de ganar un handicap en el Bosque por ocho cuerpos; Zamindar Quit (Remote), Lorenzo Rye (Catcher in the Rye), Agiosto (Angiolo) y Misty Spring (Greenspring), la veterana yegua que entrena Fabio Cacciabue y que ya sabe lo que es ganarle a los machos, entre otros postulantes al triunfo.

 


















 

 

miércoles, 13 de octubre de 2021

Osvaldo Dávila, el jockey de Priest, el entrenador de Seresta, el que le tiene una fe razonable a Zodiacal, para sorprender en el Jockey Club

Sin posibilidades legales de volver a montar tras un grave accidente en 2005 y devenido cuidador, el cardalense presenta en la segunda etapa de la Triple Corona a un ganador de una carrera que "le devolvió las esperanzas" de ganar una prueba trascendente 


Ya tenía perfil bajo cuando corría caballos clásicos, importantes, como Priest (Portlaw). Nada que sorprenda de él en el sorteo de gateras del Jockey Club (G 1-2000 m), en el comedor de socios de San Isidro. También mantiene de aquellos tiempos la sonrisa, que salta a la vista cuando saluda, cuando cuenta, un poco tímido, y sólo desaparece un instante –unos segundos, no crean- al mencionar su deseo de montar y ser un protagonista desde otro lado, el que más disfrutó a pesar del final. Pero ahora está allí porque es el entrenador de Zodiacal (Cityscape), uno de los once potrillos que competirán el sábado 16 en la segunda gema de la Triple Corona. 

En marzo de 2005, Osvaldo corrió la última como jockey. Se quebró un caballo en el codo de San Isidro y él cayó. Por el golpe en la cabeza perdió el conocimiento. En 2006, un año y medio después, intentó volver y trabajó en la pista de entrenamientos. Pero fue así de efímero. “Hace dieciocho años que dejé de correr, volví a la cancha pero no me habilitaron la patente. Después, me negaron la entrada al Campo 2, en San Isidro. Estaba vareando mis caballos, tengo tres”, explica.

El jockey de Priest (Outlaw), el potrillo del stud De Setiembre que enmudeció a Palermo en el Nacional de 1992 y vivió la última etapa dorada del haras El Candil, que dirigían Osvaldo y Luis Seglin, no piensa en leyes, usa el corazón: “Yo disfruto de montar, pero el hipódromo no me lo permite. No puedo estar montado. Puedo cuidar, dirigir de abajo. Vine a ver a un abogado del hipódromo de San Isidro, me dijo que como me indemnizaron no puedo montar. Al cobrar el seguro no te lo permiten. A Jacinto Herrera -hoy está corriendo en los Estados Unidos- le pasó lo mismo. Agoté todas las instancias para que me dejaran correr. El seguro se paga mensualmente durante un año y si uno no recibe el alta, lo indemnizan”.

Es inevitable recordar a Yolanda Dávila, hermana menor de Osvaldo. Aquella jocketa que, como él, vivió la gloria de El Candil, en su caso con la increíble Star and Stripes (Parade Marshal) como estandarte, e inició en 2001 lo que parece un sino de los Dávila: se accidentó gravemente en una caída –estuvo más de un mes en coma-, no volvió a montar y se hizo entrenadora en Maroñas.




Osvaldo corrió dos veces el Jockey Club, una con Priest, sin suerte ambas. Ahora piensa en Zodiacal. “Es del stud Los Dago, al que yo le corría; son amigos, viven en Moreno. Tuvimos la suerte de cuidar a Seresta (Jump Start), que corrió siete y ganó seis, una fenómena”. La potranca elegida como mejor 2 años de 2015 ganó el Estrellas Juvenile Fillies (G 1), entre otros, y fue exportada a Japón. “Con Zodiacal tenemos una esperanza otra vez. Corre en la mitad del lote, pero como pensamos que va a ser un desarrollo muy violento espero que pueda venir más a la expectativa y soltarse a partir de los 1000. Viene de ganar bien en 1600, quería seguir después del disco, como para ir a más tiro”.

El entrenador desestima que lo del Jockey Club sea una aventura con un caballo que se convirtió en ganador en su cuarta actuación. “Tiene la brazada larga, me gusta para la distancia. Lo anoté por eso, tiene actitud y no va a quedar en ganador de una, es un caballo bueno. Lo va a correr Luciano Cabrera, porque su jockey de siempre, Osvaldo Alderete, tiene compromiso con Pablo Sahagian”. El Turco, que recibió un aplauso cuando el jefe de Prensa del hipódromo, Pablo Carrizo, anunció que era su cumpleaños, entrena a Encarrilado (Fragotero), perdedor aún, 3° en el Ensayo (G 2). Y uno, que aplaudió también, pensó por un momento que si Zodiacal fuera un ganador clásico, a lo mejor Sahagian liberaba al jinete para que dirigiera al de Dávila, sólo porque él también es de los que disfrutó en la montura y sabe lo que son las oportunidades en las carreras de caballos.   
















 

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