Juan Udaondo camina detrás de Latency, montado por Edward Herrera, en Dubai
Rugiente
por un lado y Despacito, por el otro, son cartas firmes para las pruebas sobre 1200 metros en honor del
entrenador de Latency e Ibero
El Handicap
Juan Bautista Udaondo (1200
metros) es otro de los bienvenidos tributos que Palermo
rinde a los profesionales del turf, esta vez con dos divisiones de la prueba reservada
a todo caballo de 5 años y más. De regreso de una experiencia europea que
incluyó su paso por los campos de Dormello, El Flaco (alejado de las carreras pero
no del turf), es para los muy jóvenes o los que no lo recuerden, aquel que entrenó
a Ibero y a Latency, a Kiriaki y a Filamornía, todos cracks, entre muchos que pasaron
por sus manos, clásicos defensores de los studs Vacación, Las Dos Manos, Santa
Ines.
Serán dos
carreras hoy, a las 17, la 8ª del programa, con Rugiente y Hit Rouge en la nómina,
y la 10ª a las 18, cuando Despacito lleve el peso más alto (59,5 kilos), frente
a un probable mandoble como El
Iridicente, que está en la otra punta de la escala (51), a ocho kilos del
defensor de Los Primos.
La potranca
del stud Arcángel, su criador, quebró a la favorita Tardona y le sacó el
invicto, en el Clásico Miguel Luis Morales (G 2), una antesala de la Polla del
Bosque
Adelantó
mucho Xurra en su cuarta actuación, sobre la pista pesada del hipódromo de La
Plata. La potranca del stud Arcángel estaba en ascenso, en
verdad, luego de salir de perdedora en
su segunda presentación, pero en la siguiente
retrocedió.
El final de esa última carrera de
Xurra, una condicional para ganadoras de una en 1400 metros, dejó
la imagen de Tardona atropellando fuerte
para ganar por medio cuerpo ante La Manteca, con
Xurra 4ª, a cuatro largos y medio de la ganadora. Eso le
valió a la vencedora, invicta en dos salidas tras debutar
en San Isidro, el favoritismo ayer, en el Clásico
Miguel Luis Morales (G 2-1600 metros), una
instancia en la que la generación 2023 se empieza
a meter en el camino de la Triple
Corona.
Esta vez, Franco Menéndez la ubicó expectante
por dentro, y salió a seguir a la puntera Tardona, que le llevaba tres cuerpos
a poco de entrar en la recta final. Con esfuerzo y el rigor del jockey, Xurra
alcanzó a la favorita, dirigida por Gonzalo Borda, sobre los 100 metros finales, y la
doblegó por medio pescuezo en el disco. Missing You, con Wilson Moreyra up,
completó la trifecta, a cuatro largos.
Dijo Menéndez,
luego: “La yegua hizo
todo muy bien, le
busqué la parte de la cancha que estaba más firme y remató bien. Andaba bárbaro
en la anterior, pero estuvo muy nerviosa atrás de las gateras y ahora el
cuidador le encontró la vuelta y respondió a lo que mostraba a la mañana”.
Daniel Sinegub, de la televisión del hipódromo,
le preguntó a Menéndez si el próximo paso para la hija de Forge será la
Polla de Potrancas (G 2-1600
metros), que se correrá el 4 de agosto, un
escalón casi cantado en la campaña de Xurra y que deberá definir el entrenador, Jonathan Fredes.
El delantero de la Selección conmovió al recordar la historia de sus comienzos en Bahía Blanca y, en otra escala en cuanto a llegada, el jockey de Esperanza, que dio doblete clásico en San Isidro el viernes con Don Logrado y Bailarín de Venecia, trajo a la memoria una confesión igual, de cuatro años atrás, cuando alcanzó su victoria número 1000
Habían pasado unos minutos desde que el seleccionado de fútbol de Argentina había inventado otra proeza en el Mundial 2026, en Atlanta, al ganarle a Inglaterra en los 5 minutos finales, cuando dio vuelta un resultado fatal. La tele devolvía la imagen de Lautaro Martínez, autor del 2-1 para la Albiceleste, entrevistado por Joaquín Bruno, periodista de TyC Sports, que, dicho sea de paso, se va a llevar algunos momentos más que sensibles de su cobertura. El goleador nacido en Bahía Blanca, que pasó por Racing, de Avellaneda, antes de emigrar a Europa, donde hoy es el máximo artillero del Calcio, le dijo al cronista, el mismo que había chocado sus palmas con Leo Messi detrás del arco en el que el rosarino marcó el 2-0 ante Austria días antes, unas palabras que conmovieron, entre sollozos: “Es muy fuerte esto. La primera vez que mi viejo ('Mario', acotó Bruno) me compró un par de botines... siempre soñé con hacer este gol. Para mi vieja, que el día que me fui a Racing jamás dejó de tender mi cama. Y eso para mí vale más que un gol, que una final. Tengo a mis hijos aquí, disfruto de la vida...”, se confesó el Toro.
Ayer, Brian Enrique, que vino hace tiempo a Buenos Aires desde Esperanza, Santa Fe, a los 21 años, para cumplir el sueño de ser jockey, dio doblete en los clásicos de la reunión de San Isidro, una de las tantísimas jornadas triunfales que vivió en San Isidro y Palermo sobre todo. Con Don Logrado ganó el Clásico Cocles (L-2400 metros), después de dejar el codo a unos seis cuerpos de la puntera, Playa Chopera, y rápidamente pasarla de largo para imponerse por dos cuerpos a Saphirus Blue. En su primera carrera en 24 cuadras, el hijo de Fortify, criado por San Benito, sus colores, pareció encontrar en el fondo la distancia que más se ajusta a sus condiciones de caballo clásico. Un rato antes, Brian, al que en un día de cuadreras en Progreso, Santa Fe, cuando ganó tres carreras por poco, bautizaron “Picante” -como le contó a Pablo Díaz -, se había llevado el Clásico Necochea (L-1000 metros) casi ejerciendo el mismo sentido de la paciencia para esperar los últimos metros, que usaría luego en un tiro más extenso, con lo que su dirigido, Bailarín de Venecia, venció por 3⁄4 de cuerpo ante Land of Promise, mientras que Gracias Gringo fue 3° a la cabeza. El día que llegó a sus 1000 triunfos, en septiembre de 2022, el jockey que ya había conseguido notables victorias con Village King, Luthier Blues y Calzonetti a esa altura, había confesado: “No lo puedo creer. Uno empezó de tan abajo, sin nada, que llegar a esta marca entre tantos jockeys buenos, no es poco”. El Picante les agradecía entonces a quienes le confiaron sus caballos, y a los trabajadores de los studs, los propietarios, los cuidadores, y remataba: “Me acordé mucho de mi papá y mi mamá. Si no fuera por ellos, por su apoyo, uno no estaría acá”. No hay dudas, ni casualidades, ni pases de magia. El Toro Lautaro y el Picante Brian, sin siquiera conocerse, sintonizaron la misma frecuencia en el instante de la conquista suprema y recordaron a quienes más quieren, a quienes los apoyaron. No pensaron en sus sacrificios, sus entrenamientos ni en las virtudes y habilidades que los hicieron ganar, sino en los motores de sus vidas. Un denominador común en nuestro deporte, y en mil profesionales de todo origen en estas tierras.
Calvente se dio el lujo de sostener a El Gazpacho en el cierre
El jockey de Rojas dio otra muestra de su profesionalismo al llevar al defensor de La Frontera desde el fondo del lote en el Clásico 9 de Julio (G 2), en San Isidro, y darle un nuevo impacto a la dupla que forma con Nicolás Martín Ferro, el entrenador que cumple una larga inhabilitación emanada del Jockey Club
Ya es conocida la simbiosis entre Gustavo Calvente y Nicolás Martín Ferro, una sociedad de jockey con entrenador que estaba signada para funcionar bien. La victoria de El Gazpacho en el Clásico 9 de Julio (G 2 - 1600 metros), sobre la pista de césped de San Isidro, es una muestra de que el trabajo de cada mañana es fundamental, sobre todo cuando el piloto está montando por primera vez a un caballo de 6 años y no hubo nada que objetar.
Además, Calvente, como lo declaró luego, siguió las instrucciones del cuidador, con lo cual la idea fue acertada en planeamiento y ejecución, por más que la atropellada haya sido acaso más ajustada que lo deseado, con el triunfo del defensor del stud La Frontera, de Mendoza, por un cuerpo ante Don Griego, después de una larguísima carga que desató desde la penúltima posición que ocupaba en el codo.
“No lo había corrido nunca y me sorprendió, porque yo lo tengo bien visto. Lo quería traer escondido”, comentó Calvente. “Nico me había pedido que viniera tranquilo y lo cierto es que lo corrí tranquilo más de la cuenta; el tren se había hecho violento, con parciales ligeros (47.24 los 800 metros y 1.12.83 los 1200). Traté de quedarme por dentro pero el caballo después tuvo una atropellada bárbara”.
-¿Habías podido trabajarlo? -No lo había trabajado nunca; como es un caballo veterano… ahora no me bajo más (se ríe). Pero estaba corriendo muy bien; la anterior [Clásico Pippermint {G 2 1400 m}, entró 4°] fue buena, así que la milla parece que le viene mejor.
Desde finales de 2025, cuando acordó trabajar con Nicolás Martín Ferro, en San Isidro, Calvente se reparte la semana de trabajo con tres jornadas en la pista de entrenamientos del Jockey Club y dos en el vareo del hipódromo de Palermo. “Estamos ganando muchos clásicos desde que arrancamos; hay un buen grupo de trabajo”, dice Gustavo sobre el binomio con el cuidador hoy suspendido y reemplazado en los programas por su padre, Enrique.
(Una digresión: Nicolás Martín Ferro y su señora, Rocío Menditeguy, acaban de celebrar el nacimiento de su tercera hija).
“Nos llevamos muy bien con Nico, que es muy trabajador y lo admiro por eso. Además, confía mucho en mi opinión, lo que para mí es fundamental. Yo soy muy responsable y los buenos caballos te obligan a estar siempre”, aseguró Gustavo Calvente, que con caballos entrenados por el joven Martín Ferro – aunque no siempre presentados por él – obtuvo once victorias clásicas.