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| Great Escape ganó el Derby 2020 |
El
hipódromo porteño presentó ante la OSAF una propuesta para bajar la distancia
del gran premio que cierra la Triple Corona de 2500 metros a 2100; una
idea que fue rechazada por la Asociación de Propietarios de Caballos de Carrera
El hipódromo
de Palermo no es de HAPSA, la firma consignataria. La Triple Corona mucho
menos. Su dirigencia piensa que puede seguir los arbitrios de algún directivo
que no quiere ver clásicos más allá de 2 kilómetros n pista de
arena, sin distinción. Es el mismo funcionario
que una vez, mientras se terminaba de construir la pista de césped porteña, le aseguró
a un diario que en ella no se iba a correr ningún clásico de Grado, en una
muestra de altruismo, desprendimiento y amplitud de oferta a los propietarios,
hacia el Jockey Club y hacia el hipódromo de San Isidro.
Allí están
el Gran Premio General San Martín (G 1), que se correrá el 5 de septiembre en
césped y en 2400 metros,
desde los 1800 originales en la arena, por mencionar uno de máximo nivel y que
lleva años en esa nueva distancia y superficie, para desmentirlo. En ese caso
no hubo objeciones, quizá porque se siguió una tendencia del mundo, válida,
entendible, por la que las carreras de fondo más importantes se hacen en pasto.
Tampoco las
hubo con el Gran Premio República Argentina (G 1), mucho más joven –se corre
desde 1979- cuando fue llevado a los dos kilómetros y resistió su destino
nómade en un calendario que no terminaba de ubicarlo.
Pero ¿había
que tocar el Gran Premio Nacional? Bajarlo de 2500 metros a 2100 no
atenta contra una costumbre, como se pretende acusar a los que defienden la
medida a implementar el año próximo. Tal vez sea para acomodar los sistemas de
entrenamiento sin mucho rigor por superpoblar los programas con pruebas de 1400 metros para abajo.
Uruguay acaba de tomar una determinación igual con su Nacional.
Y no se trata
de ser retrógrado, arcaico o tradicionalista. Ni reaccionario. Ni de pensar en
“el peoncito que le habla al crack”, pidiéndole que no se manque para el
clásico emblema de Palermo, como cantan los versos de Bajo Belgrano. No es nostalgia.
El último
peldaño de la Triple Corona retrocedería hasta tocar el tiro de la instancia
previa, el Jockey Club (2000
metros). Nuestro Derby no debe estar en la secuencia
ilustre para darles una chance en la arena a los que vengan de intentarlo en el
césped o para los que no llegaron a tiempo. Ganarlo es premiar al potrillo de 3
años integral, casi un arquetipo de la raza. El mejor, el más fuerte, el mejor
preparado. Un elegido.
Por otro
lado, esgrimir a los ratings como parámetro en carreras de la Triple Corona es
dejar en manos de los puros números un discernimiento que aleja los criterios
que ofrece la competencia.
En los
Estados Unidos (ya que miramos ese turf para hacer estos cambios), el Belmont
Stakes (G 1), final de la serie, fue acortado sólo por los cambios de calendario
y escenario por la pandemia y las obras de remodelación de Belmont Park. Nada más.
Aquí, la
Asociación de Propietarios de Caballos de Carrera critica en una nota dirigida
a Lotería de la Ciudad de Buenos Aires (LOTBA) la medida que Palermo presentó ante
Comité Fiscalizador de Calidad del Calendario Clásico por “inconsulta”, pues
“la propuesta fue elevada sin escuchar previamente la voz que representa a
Propietarios y Criadores, que somos quienes financiamos la producción del
caballo argentino y asumimos el riesgo económico de la actividad”, reza un
fragmento del documento firmado por Mariano Fragueiro Frías, presidente de la
organización.
Pasado mañana,
jueves 20, el Consejo Directivo de la OSAF (que Palermo integra, además de ser parte del comité) evaluará esta modificación propuesta
por Hipódromo Palermo junto con el resto de los cambios presentados por hipódromos
de la región, para su aprobación.