| Kevin Banegas fue el cuarto jockey que se subió a Fletcher, en cinco salidas / Prensa Palermo |
Lo más importante para el propietario del stud Chos Malal y el entrenador Juan Franco Saldivia es que el hijo de Gershwin se rehabilitó después del traspié en el Estrellas Juvenile (G 1), donde no se adaptó al pasto, y gano por amplio margen, sin dejar dudas con la mira en la Triple Corona
La manera en que Fletcher despejó cualquier duda sobre su clase quedó grabada en el final del Clásico Miguel Cané (G2-1600 metros), la carrera que tiene ese propósito en el calendario, como paso previo a la Polla de Potrillos (G 1). Ayer, la pista de arena de Palermo estaba pesada, prohibitiva para correr por dentro, pero el caballo del stud Chos Malal se sintió a sus anchas, con una demostración demoledora en la recta final, para imponerse por seis cuerpos – y parando, diría un relator – ante Linguado.
Fletcher venía de gestar un debut problemático en el césped, donde no hizo pie y terminó fuera del marcador en el Estrellas Juvenille (G 1-1600 metros), tras crear cierta expectativa entre lo que hacía en privado y su victoria en el Clásico Pedro Goenaga (G 2-1500 metros) por buen margen, en La Plata. “Esta es su casa”, ratificó aquel pensamiento Juan Franco Saldivia, entrenador del hijo de Gershwin, refiriéndose al hipódromo porteño, donde lo prepara todos los días.
Con Kevin Banegas en la montura (el cuarto jockey que se alterna en sus cinco salidas) vino cerca de los punteros Mr Morris y Kenakir y al entrar en el derecho el piloto no esperó y lo dejó ir al frente para terminar en 1.36.28, un registro que el mismo Banegas sugirió que pudo mejorar, a juzgar por el cierre aliviado.
“Juan me avisó, mostrándome el catálogo: voy a comprar éste y si te gusta correrá para Chos Malal. Yo le dije que esperara que saliera al remate; salió y se pagó barato, así que le dije ‘dejámelo’. Entró mi hijo Jorge en la sociedad y como para asegurarme le regalé un 10% a Juan”, cuenta Eduardo Valenzuela, Cacho, que acompañó toda esa breve narración con sonrisas que se colaron en cada frase. Juan es Saldivia, claro.
Valenzuela interrumpe la charla para saltar a la tarima de la premiación, donde lo esperan todos los que vinieron de Chos Malal, la localidad neuquina a 400 km de la capital provincial. “Son 18”, revela, luego de la multitudinaria foto, en la que no faltan sus nietos. “Quedaron mis dos hijas allá, porque alguien tiene que trabajar, jajaja”. No cambia el tono Cacho y uno, que lo conoce de los tiempos de la gran Belleza de Arteaga (como casi tods los cronoistas), sabe que entre los caballos, en el hipódromo o en una caballeriza de Dubai, está disfrutando, más cuando puede compartirlo. “No hay nada mejor que disfrutar esto en familia”.
Y sobre la llegada al stud, recordó: “Juan no es de hablar mucho, pero me dijo desde el principio que era bueno. Y después lo escuché a Pella, que para mí es palabra santa; me dijo, ‘mirá que este es bueno, vas a ganar varias carreras; y después de que aparecieron otros potrillos se afirmó; ‘van a estar cabeza a cabeza con el tuyo’. Ahí dije, ya está”. Roberto Pellegatta tampoco es de hablar de más y esto corre por cuenta de uno.
“La verdad es que estamos iluminados; después de Belleza, todos los que trajimos han ganado. Cima de Areco, que ganó las cuatro que corrió, y ahora este potrillo, que venía de fracasar medio feo en el pasto y nos abrió una duda, pero esta vez fue una máquina”. Ese recorrido virtuoso de una yegua casi deshauciada para la cartelera grande a la ganadora clásica incontenible, junto con el potrillo que hubo que descubrir en un remate del haras La Pasión para hacerlo de cero, no es otra cosa que la razón de la alegría de Cacho Valenzuela. “Qué más le puedo pedir al turf; me puedo retirar tranquilo”, enfatiza y a que no saben cómo remata el comentario. Sí, a pura risa.




















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