El hijo de Angiolo controló a Azúcar Negro por un cuerpo / Prensa Hipódromo de La Plata |
El defensor de Tres
Jotas ganó el Clásico Propietarios (G 3) y sumó su sexta victoria en l tiro que mejor
le cabe y en La Plata, donde es entrenado, aunque ya demostró que compite en
alto nivel en los tres hipódromos centrales
La vida de el Resero Con Capa es la de un caballo esforzado,
luchador, que busca correr sus límites porque sus dueños y criadores, su jockey
y sus entrenadores lo saben bueno, y lo ponen a probar qu sus condiciones lo
van a dejar dar el paso de los clásicos de velocidad a los de media distancia.
Y el hijo de Angiolo
responde como lo hizo en el Clásico Asociación de Propietarios de Caballos de
Carrera (G
“El Resero Con Capa me ilusiona desde que lo empecé a
montar, en esta pista que le sienta muy bien”, confesó Adrián. “Para ganarle va a tener que venir un caballo de otro planeta”,
agregó, serio. “En un momento, en el stud todos decidimos probar en mayor
distancia, pero eso no nos convenció mucho; es ligero por naturaleza entonces
volvimos a la distancia suya y a su pista, donde se siente cómodo”.
Luego, el jinete marcó
una cuestión quizás inesperada para el. “Esta vez quizá no dejó una impresión
tan grande porque salió muy ligero [22.98 los 400 y 46.68 los 800] y a lo mejor
le costó un poquito arriba, pero saca de ritmo a los demás, que no lo pueden seguir,
y hace mucha diferencia”.
Eso se puso de manifiesto
con la forma en que Azúcar Negro, un hermano paterno mayor, redujo desventajas
en el cierre. “Es que no hace falta pedirle, lo hace todo solo. En la anterior
que ganó acá vino menos rápido y ganó más cómodo”, explicó Giannetti, que de
paso calificó la reunión del 25 de mayo en San Isidro como “inolvidable”. “Fueron
dos triunfos de Grupo 1... Me dejó asombrado Magnum Fifth. Me sorprendió
muchísimo la forma en que ganó y cuando el propietario me dijo antes de largar ‘yo
confío en vos’, fue lo mejor que uno podía escuchar”.
Ayer, Adrián Giannetti,
uno de los mejores jockeys del momento, volvió a festejar, pero con un caballo
que ya no lo asombra y que sabe dirigir como nadie.






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