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| El paseo por el Paddock de Mine That Bird, la sonrisa de Borel es premonitoria |
Acaso cada historia de caballos tenga épica, alegrías, frustraciones, ilusiones, aciertos fantásticos y errores descomunales, pero a veces el hecho de tomar riesgos o simplemente estar donde se debe estar en un determinado momento puede convertir al protagonista central de una carrera en una estrella digna de trascender las pistas
Colifato Novo, Labrado, Mine That Bird, dos argentinos contemporáneos y un norteamericano con hazañas de hace quince años. Tres ganadores de Grupo 1 electrizantes, jugándose desde la largada, apurando como un rayo en el final de una recta, o haciendo realidad el mágico sueño de la atropellada liberadora de enredos, como alguna vez nos fue dado por el pertinaz Calidoscopio.
Caballos de contar con la idolatría, con ese halo que envuelve a los que se fajan de igual a igual con los que son entrenados en las ligas principales. Como pasa en todos los deportes: el corazón de la afición los adopta, porque sabe que arrancaron un paso atrás de los que son preparados en los hipódromos centrales. Aunque sus boletos hayan ido casi siempre a otras patas.
Colifato Novo, de La Punta, San Luis; Labrado, de Venado Tuerto, Santa Fe, y Mine That Bird, el caballo que conmovió a los Estados Unidos al ganar el Kentucky Derby (G 1), de Roswell, Nuevo Mexico. Los tres tuvieron títulos como los mejores de sus categorías en su tiempo: el hijo de Lenovo fue elegido Mejor 2 Años de 2024; Labrado, Mejor Velocista 2022, 2023, 2024; Mine That Bird había sido ungido Mejor 2 Años de 2008 en Canadá y lo cierto es que merecía el Eclipse como Mejor 3 años de los Estados Unidos en 2009, pero quedó segundo, muy lejos en la votación. (Después de presenciar su increíble triunfo en el arranque de la Triple Corona, uno no podía pensar en otro ganador del premio a los destacados de cada año en EE.UU.). Los tres salían de su stud a cientos de kilómetros para competir a lo grande.
Colifato Novo es de esos caballos que enamoran por pelear contra rivales de orígenes más pulidos y reconocibles en el arte de criar, entrenados en los centros históricos de nuestro turf. En el caso del ejemplar de Néstor Funes, que entrena Joaquín Cano en Villa Mercedes y defiende los colores del stud El Ranquel, porque le agrega agallas para aguantar en la punta desde el vamos y por pasar de largo esa sospecha tan humana de que “se va a caer” después del primer éxito clásico, juzgado como fortuito. El Estrellas Juvenile (G 1) y las Dos Mil Guineas (G 1) fueron dos conquistas que afirmaron la clase del zaino criado por Maximiliano Conti en un campo entre Córdoba y la Provincia de Buenos Aires, engendrado entre Lenovo y la yegua Baraca Nistel.
Con esa misma clase, Colifato Novo volvió a obtener un triunfo de grado, el Clásico Invasor (G 3-1400 metros), el domingo 28, en San Isidro, que siguió al del Pedro Chapar (G 3-1400 m), ya con Iván Monasterolo en las riendas y con Cano de entrenador, como siempre.
Labrado, el carisma, el final explosivo
El de Labrado es un caso que está siempre latente: los grandes velocistas suman victorias de Grupo empujados por el cariño del público, que los alienta desde que aparecen en el paseo previo. Sus duelos con su hermano paterno Luthier Blues, sus ocho festejos de Grupo 1 y hasta la desazón por escaparse de la gatera en el Álzaga Unzué de 2022 se apilan en la historia afectiva de Labrado con la gente.
Criado en El Paraíso, Labrado, que es preparado a 370 kilómetros de San Isidro y Palermo por Ángel Bonetto y cuyos dueños son los cordobeses Fredi Victtorelli, Cristian Slovoyañoch y Ariel Panichelli, ha tenido un solo jockey las 24 veces que bajó a San Isidro y Palermo: Wilson Moreyra, y a los 6 años todavía no ha dicho su última palabra.
Para muchos, Labrado merece que se filme su película, como quizá también Colifato Novo, que promete más escenas de su vida. Tal vez sea así, pero sus historias aún no se igualan con la de Mine That Bird, aunque tienen muchos puntos en común. El caballo estadounidense sí mereció que se escribiera un guión que fue llevado al cine, bajo el título de “50 a 1”, su cotización a ganador en el Derby (50,60 en la pizarra), que derivó en un dividendo de 103,20 dólares por cada 2 apostados.
El viaje de 40 horas y 2200 kilómetros desde el hipódromo de Sunland Park, en Nuevo Mexico – 21 horas de ruta – hasta Louisville, Kentucky, en el trailer que manejó Chip Woolley, el entrenador de Mine That Bird, acompañado del vareador/peón Charlie Figueroa, fue el fruto de la insistencia del secretario de carreras de Churchill Downs para que el profesional y los propietarios, Leonard Blach, veterinario, y Mark Allen, cuidador de caballos cuarto de milla, aceptaran correr la primera gema de la Triple Corona norteamericana. Ninguno había estado cerca de correr el Derby, pero Mine That Bird tenía pergaminos, como una victoria de Grupo 3, entre otros, lo que lo habilitaba por ganancias y puntos.
Las muletas de Woolley – condujo el trailer con varias fracturas en su pierna derecha – fueron un poco menos célebres que la atropellada de Mine That Bird, que atropelló, endemoniado, desde el último puesto, en un zigzag que heló la sangre, llevado por el corajudo Calvin Borel, que 24 horas antes había ganado el Kentucky Oaks por 20 cuerpos con una tal Rachel Alexandra.
La historia, una montaña rusa de sensaciones que una sola carrera pudo producir, guarda más datos que hacen mágico el recorrido de Mine That Bird, que por su condición de castrado no siguió el destino inexorable del haras. Borel eligió a Rachel Alexandra para la segunda etapa de la Triple Corona, y la gran yegua le dio la razón, venciendo a Mine That Bird. Éste es hijo de Birdstone - en su primera generación -, como Summer Bird, que cerró la serie histórica al ganar el Belmont Stakes (2400 m), en Belmont Park, donde no corrió Rachel y Mine That Bird resultó tercero, pero los electores de los Eclipse privilegiaron al hermano paterno, que venció a los adultos en la Jockey Club Gold Cup (G 1), en octubre.
¿Otro dato para añadir a la magia de aquel Kentucky Derby? El escolta de Mine That Bird fue Pioneerof The Nile, que luego se convertiría en el padre de American Pharoah, el caballo que terminó con la larga sequía de héroes de la Triple Corona en Estados Unidos (37 años) sólo unos años después, en 2015.
Hubo grandes triunfos para todos ellos después, pero no épicas como las de 2009. Tampoco para Mine That Bird, que fue transferido al establo de D. Wayne Lukas y en el resto de su campaña no volvió a ganar. Su maravilloso paso por la Triple Corona levantó un turf que entonces se debatía en una crisis, como todo Estados Unidos, y mereció contarse en el celuloide (si existía aún como tal).
Las películas de Colifato Novo y Labrado, sus cientos de kilómetros en trailer para venir a competir al Centro; los dos orígenes, el sufrido y el acomodado; la gente que los quiere más allá de los boletos; los festejos multitudinarios, pero que quizá se puedan atomizar en mil historias, a lo mejor un día vean la luz.






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