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| Riley Mott, la versión joven de Bill, con Albus en su primer Derby de titular / Coady Media |
El entrenador ganó hace un año con Sovereignty y el sábado presentará a Chief Wallabee en la Carrera por las Rosas, donde su hijo Riley, cuidador por su cuenta desde 2022, muestra dos cartas interesantes: Incredibolt y Albus, un match familiar que no ocurre desde 1964 en la carrera
Entre las mil historias que trae una carrera como el Kentucky Derby (G 1-2000 metros-5 millones de dólares en premios), la versión 152, del sábado próximo, quizá sea una de las más atrayentes. Como dice Byron King, de TDN, el consagrado Bill Mott y su hijo, Riley, que siguió los pasos del padre y es entrenador, ya habían medido fuerzas con caballos que entrenan por separado, en distintos hipódromos de los Estados Unidos, pero nunca en la primera manga de la Triple Corona, bajo el hechizo de las cúpulas de Churchill Downs.
El sábado próximo, Bill presentará a Chief Wallabee (Constitution, 8-1 en las jugadas tempranas), que tras debutar ganando por la cabeza ante The Puma (Essential Quality), que también correrá el Derby, fue segundo en el Fountain of Youth (G 2) y el Florida Derby (G 1), a cabeza y hocico de Comandment (Constitution), otra de las figuras del Derby.
Para Riley será su primer examen en la Carrera por las Rosas y con dos cartas: Incredibolt (Bolt D’Oro), cotizado 20-1 en las apuestas parciales, y Albus (Yaupon), 30-1. Aquél, ganador del Street Sense Stakes (G 3-1700 metros), en Churchill, y del Virginia Derby (1700 m), en Colonial Downs, y Albus, vencedor del Wood Memorial (G 2-1850 m), en Aqueduct. Ambos ejemplares pertenecen al Pin Oak Stud.
El joven Mott, que trabajaba con su padre durante su formación, lo acompañó al hipódromo de Louisville hace un año, junto con su madre, para el triunfo de Sovereignty en el Kentucky Derby. “Es algo que querrías que todos vivieran”, confesó entonces Riley, que 12 meses después transcurre su propia experiencia profesional, en una trayectoria que comenzó hace menos de cuatro años.
Para muchos, las formas de Bill Mott, entre las que sobresalen su paciencia y profesionalismo, fueron vitales para la preparación de su hijo. Y en verdad, al menos en lo que se refiere a Bill, este cronista puede dar fe de ese carácter: en 1995, en su camino hacia las 16 victorias consecutivas, Cigar se presentaba en la Breeders’ Cp Classic (G 1) en Belmont Park, cuando el profesional cuidaba la campaña con el lápiz afilado.
Un enfrentamiento de padre e hijo entrenadores es moneda corriente, sobre todo en nuestros hipódromos. Incluso en las carreras más importantes del calendario. Bill Mott, que integra el Salón de la Fama, dijo lo que se esperaba sobre el duelo con Riley: “Obviamente quiero ganarle el sábado”.








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